LEZAMA: Escuela de cachorros

En un fútbol cada vez más globalizado desde que se instauró la ley Bosman en los años 90, son pocos los equipos que mantienen una fuerte apuesta de cantera. En nuestra liga, sin ir más lejos, son muchos los equipos que han sucumbido a las oportunidades del mercado fichando jugadores foráneos que muchas veces no mejoran a las jóvenes promesas que llevan toda su vida defendiendo unos colores en las categorías inferiores. Sin embargo, todavía hay clubes que nos hacen pensar en positivo y creer que es posible codearse en la élite con los mejores del modo más tradicional, manteniendo la esencia del fútbol: chavales de la casa que llevan el escudo de su equipo grabado a fuego en el corazón. La reciente clasificación del Athletic de Bilbao para la final de copa fue todo un ejemplo de confianza en una filosofía modélica que lleva vigente cerca de 100 años.

Todo comenzó en 1911. El conjunto bilbaíno había sido fundado a finales del siglo XIX por trabajadores británicos que trabajaban en la metalurgia en el puerto de la capital vizcaína. Por ello, en los primeros tiempos de los rojiblancos varios de los jugadores procedían de Inglaterra donde el fútbol ya estaba mucho más arraigado. Gracias a su experiencia y dominio del emergente deporte en España, los Mills, Graham y compañía lideraron al Athletic en la consecución de varis copas del Rey en la primera década del nuevo siglo. En 1910, con el Vasconia como rival (la actual Real Sociedad), los bilbaínos vencieron sin apuros a sus vecinos, que en un ataque de rabia proclamaron a los cuatro vientos que era un abuso el contar con jugadores ingleses en sus filas. El presidente de los de San Mamés en aquella época, Alejandro de la Sola se tomó aquellas protestas como una afrenta personal y decidió adoptar la conocida filosofía que ha continuado hasta nuestros días.

Desde entonces, solo las personas nacidas o descendientes de familiares nacidos en las tres provincias vascas, en el País Vasco francés o en Navarra tienen permitido formar parte de la familia rojiblanca. En Lezama, el lugar donde se cuida a los jóvenes cachorros para que con los años puedan convertirse en auténticos leones, el trabajo es muy riguroso y complicado ya que el territorio de actuación es mucho más limitado que para el resto de clubes. Aún así, la globalización también ha llegado a Bilbao, y ya no extraña a nadie al pasear por los campos de entrenamiento encontrarse con chavales de todas las razas en las categorías inferiores. Ralph Ndongo, camerunés de nacimiento pero de raíces maternas vascas, o el portugués Victor Monteiro son ejemplos de cómo están cambiando la sociedad en los últimos tiempos.

Estos casos hacen plantearse al mundo futbolístico si tiene sentido mantener una filosofía tan restrictiva cuando cada vez los ciudadanos somos más cosmopolitas, sintiéndonos parte de un mundo global. Los bilbaínos lo ven como una manera de mantener una tradición centenaria que les ha dado muchos éxitos a lo largo de su historia, con 8 ligas y más de 20 copas. Suprimirla ahora significaría una traición a sus antepasados que tanto lucharon por hacer un Athletic grande y prestigioso con gente de la casa. En el momento actual donde la crisis mundial aprieta a los clubes a buscar soluciones, muchos de ellos las están buscando en sus propias canteras. En Bilbao llevan remando en esa dirección tan novedosa para algunos toda su historia. Aunque en los últimos tiempos los fichajes de Ezquerro y Llorente han reabierto la polémica, ya que ambos han nacido en La Rioja, una región que presuntamente no es legítima para fichar jugadores para el Athletic.

Esperemos que la aureola de ilusión y esperanza que se ha formado en Bilbao en los últimos meses sirva para darnos cuenta de que es posible un futuro donde sean los jugadores de la casa los que logren los éxitos de un equipo que sienten como suyo propio, y no se tenga que depender de mercenarios del fútbol que solo realizan su trabajo por dinero, en un deporte donde la carga sentimental es tan fuerte. Alejandro de la Sola estaría orgulloso de ver como ruge San Mamés para animar a sus 11 leones, 100 años después de que decidiera rebatir una afrenta de sus vecinos txuri urdines. En aquel momento no tenía ni idea de que había marcado el punto de partida para la filosofía de uno de los clubes más importantes de nuestro país.

5 comentarios:

santipami dijo...

tenía ganas de otro post! Felicidades, como siempre

Benja dijo...

Alberto, cuanto tiempo!
Deberias poner la fecha de tus posts, asi se sabe si has actualizado...

Un saludo!!

P.D.: Que paso con DDF?

Anónimo dijo...

Sigo tu blog periódicamente... increible... gran trabajo

En relación a este artículo: ¿Hasta que punto es bueno la política de contar sólo con jugadores vascos? Es un tanto contradictorio, ya que sacar jugadores de la cantera sanea las arcas de un club a la vez que crea vínculos muy importantes de complicidad con la afición, pero: ¿Fichar jugadores que han triunfado en otros equipos (un caso tremendamente revelador de lo que quiero transmitir es el de Lizarazu, tras jugar en el Girondins) apelando a que han nacido en territorio vasco? ¿Qué sentido tiene en estos días?

El blog de noticias de Bloggerball dijo...

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Pol Gustems dijo...

Primera vez que paso por tu blog y me ha gustado mucho. Lezama es un ejemplo para muchas canteras tanto en España como fuera.

Saludos!!